Construir sobre lo destruido

Ayer escuche en la radio a un comentarista que decía que el huracán Sandy, el cual ha devastado el noreste de los Estados Unidos, puede a mediano plazo ser la salvación de la economía de ese país, ya que debido a la destrucción de ciudades como Nueva York y la costa de Nueva Jersey se generarán miles de nuevos empleos dedicados a la reconstrucción.

Este comentario me dejo pensando en que todo, menos la perdida de vida humana, se puede “reconstruir” después de una tragedia si decidimos ver la situación desde un punto de vista positivo y de oportunidad en lugar de quedarnos “atoradas” en la desdicha.

El rompimiento de una relación sentimental, por ejemplo, es el equivalente a la destrucción de la misma.  Se “destruye” lo que habíamos creado en pareja y depende de nosotras si nos quedamos viendo las “ruinas” de lo que fue esa relación, llorando eternamente por lo que hubo en su momento, o si nos disponemos a reconstruir y fortificar nuestros cimientos emocionales para así tener la oportunidad de “construir” una nueva relación cuando llegue el momento.

Lo mismo aplica cuando nos quedamos sin empleo, cuando tenemos un problema de salud, o cuando cualquier cosa o situación importante para nosotras se complica, se debilita considerablemente, o simplemente llega a su fin.

Ese es el ciclo de la vida.  Construir sobre lo destruido.  Aprender de cada experiencia y levantarnos de las cenizas como el Ave Fénix  que muere para renacer en toda su gloria.

El poder de reinventarnos cada día como una mejor versión de nosotras mismas es uno de los dones que la vida nos ha dado, y es precisamente en los momentos de “destrucción” cuando podemos usar nuestra creatividad para transformar las dificultades en oportunidades de crecimiento.

Por eso la próxima vez que te sientas devastada y creas que tu vida se está viniendo abajo, recuerda que toda experiencia tiene su razón de ser y que de ti depende si decides usarla como una escalera que sube… o que baja.

¿Qué hacer cuando te sientes mal contigo misma?

Por muy positivas, experimentadas, sabias y tenaces que seamos hay que reconocer que todas pasamos por momentos en que sentimos que “no nos está yendo tan bien como deseamos”.

Quizá estemos pasando por una difícil situación económica, o un momento duro sentimentalmente hablando.  O es posible que nos lleguemos a sentir frustradas porque llevamos semanas a dieta y la báscula insiste en no mostrarnos el peso que nosotras esperamos.

Sea cual sea la razón por la cual nos sentimos mal con nosotras mismas en cualquier momento dado, el origen de ese sentimiento generalmente se basa en la esperanza de algo que no sucedió y que nos ha llevado a la decepción.

Porque la expectativa es el camino más corto a la desilusión.

Cuando basamos nuestra felicidad en esperar que sean otros los que nos la proporcionen, o cuando nos fijamos metas absurdas y difíciles de alcanzar en la esperanza de que suceda un milagro, lo que invariablemente sucede es que terminamos sintiéndonos mal con nosotras mismas.

A mí me sucede seguido que me encuentro sintiendo mucha tristeza cuando las cosas no suceden como a mí me habría gustado.  Soy muy apasionada, por lo que pongo el 100% de mí en los proyectos en los que  me involucro esperando que siempre sean un éxito.  Eso es precisamente lo que motiva mi entrega.  Pero la realidad es que muchas veces no es así: hay proyectos exitosos y otros que no lo son.

Es normal sentir algo de tristeza cuando las cosas no salen como uno lo espera, ya que la tristeza es la emoción con la que decimos adiós a las situaciones y personas que ya no forman parte de nuestra vida.  Y cuando un proyecto o una relación no funcionan es muy absurdo quedarse atada a ellos, ¡hay que decirles adiós para así poder iniciar nuevos planes en nuestra vida!

Pero no te quedes estancada en esa tristeza.  Mejor aprende de la experiencia y úsala para analizar el porqué del origen de tu expectativa, y por consecuencia de tu desilusión:

  • Si estas esperando que sea otra persona la que reaccione como tú quieres que lo haga y eso es lo que te ha desilusionado, entonces ¡recupera ese poder que le has dado para regir tus sentimientos y hazte dueña nuevamente de tu propia felicidad!
  • Si lo que sucede es que te has puesto metas casi inalcanzables, entonces se un poco más generosa contigo misma: reajusta tus objetivos y ¡date crédito por lo que has logrado en el intento!

Recuerda que la vida nos da la oportunidad de experimentarnos como seres felices o desdichados, y la elección de una u otra experiencia es totalmente nuestra.

¿Te reconoces?

RECONOCER es una de las palabras mágicas de nuestro idioma Español y, sin lugar a dudas, una de las que más me gusta e inspira.

Por un lado es el palíndromo más largo de nuestro idioma, es decir, es la palabra con más letras que se lee igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha.  ¡Es como si la palabra se reconociera a si misma!

El acto de reconocer es una acción maravillosa por donde la veas, ya que al reconocernos estamos aceptando que lo que vivimos, lo que experimentamos en este mundo, no es más que un reflejo de lo que somos en nuestro interior.

Reconocer es aceptar que el hecho de que existan personas que entran o salen de tu vida es siempre una bendición ya que están ahí en el momento exacto en que deben estar, para ayudarte a aprender más sobre ti misma y a crecer como mujer.

Reconocer es dar gracias por las personas difíciles que han estado en tu vida, pues te enseñaron a la persona que NO deseas ser.

Reconocer es admitir que el hecho de que disfrutes o sufras una relación es tu decisión, y que eso es perfecto, ya que confirma que tienes el poder en ti misma para elegir cómo quieres llevar tu vida.

Reconocer es redescubrir tu propio potencial, que siempre ha existido dentro de ti, pero que por estar enfocada en el ruido de la vida quizá habías olvidado.

Reconocer tus errores, tus aciertos, tus esfuerzos, tus ilusiones, tus deseos, tus creencias positivas y negativas, tus memorias y tus miedos es lo que te lleva a conocerte mejor y a transformar tu vida.

Porque recuerda que transformar tu vida no significa que tu vida el día de hoy este “mal”, sino que cada día puedes convertirte en una mejor versión de ti misma.

¡Escucha a la niña que vive en ti!

¿Sabías que dentro de ti vive una niña de unos 5 o 6 años de edad?

Esa niña eres tú misma antes de que comenzaras a ir a la escuela, a escuchar la opinión de los demás sobre ti, a adoptar todo eso que tu entorno te dicta y que a través de los años has adoptado como tus creencias.

Esa niña que llevas dentro es una niña inocente, pura, feliz, amorosa.  Una niña a quien no le da vergüenza nada, quien es feliz siendo exactamente como es, quien no conoce el significado de “decepcionar a alguien”.  Esa niñita simplemente ES.

¿Cuál es tu relación con tu niña interior?  ¿Estás en contacto con ella?

Quizá pienses que es una pérdida de tiempo siquiera recordarla.  “¿Para qué?, si ahora soy una mujer de 40ymás, y esa niña ya no es parte de lo que soy el día de hoy.”

Tienes razón, ¡esa niña no es parte de lo que eres si tú no deseas que así sea! Pero te aseguro que si aprendes a escucharla tendrás la experiencia de vivir momentos en tu presente que te harán sentir sumamente dichosa.

Hace aproximadamente un año comencé a recordar regular y conscientemente a mi propia niña interior.  A la pequeña inquieta, soñadora y preguntona que era a los 5 años de edad.  Empecé a entablar una conversación interna con ella.  A preguntarle cómo se siente encerrada en este cuerpo y mente de mujer adulta, tan complicada y enredada ante los ojos de una niña.

¡Y lo que descubrí fue maravilloso!  Esta experiencia me ha ayudado a identificar toda esa basura mental que he acumulado a través de los años y que me ha hecho olvidar que mi esencia es perfecta y que lo mío es vivir en amor.  Libre y feliz como cuando era una niñita curiosa y divertida.

Cuando era niña mi mayor momento de felicidad consistía en ir a un salón de juegos en Distrito Federal, en México, que se llamaba “Mundo Feliz” y aventarme del tobogán con mi mamá y mi hermana.  ¡No necesitaba nada más para sentirme inmensamente dichosa!

Por eso hoy en día intento oír más a mi niña interior y te invito a hacer lo mismo.  Esa pequeña que vive en tu corazón tiene mucho que recordarte sobre lo que es SER una mujer totalmente feliz.

¡Escúchala!